martes, 27 de diciembre de 2011

Un mes en Kenia: wewe Muzungu

Para este post tenía muchos títulos preparados: ‘Negras Navidades’, ‘Navidades en África’, ‘Cena de Navidad junto a un ministro’, ‘Los monos muzungus en City Park’…, pero me quedo con lo último y con lo que más escuchamos: ‘Wewe Muzungo’ –Tú, blanco- Son las palabras más aguzadas salidas de las bocas de los niños. Pero… empiezo por el principio. 

Noche Buena en Casablanca

La cena de Noche Buena la pasamos tranquilos, muy tranquilos. Nos quedamos Julio y yo juntos y solos. Extrañamente, en casi cinco años de relación, es la primera cena de Noche Buena que pasábamos juntos, y tenía que ser en África. En fin, sin expectativas de nada grandioso y con la idea de pasar una velada tal y como queríamos, reservamos- Julio, claro- una mesa en Casablanca. ¿Ya he dicho lo que me gusta ese sitio? Nos pusimos guapos, y más guapos aún durante la cena: costillas y un filetote de 500 gramos, acompañados de una de esas mariconadas de gambas, vino y café. Gracias, amor, por la cena. 

En Casablanca ya nos sentimos como en casa, en parte gracias a Mauricio, el italiano encargado del sitio, que nos recibe desde la puerta de entrada con grandes gestos elocuentes, alzando las manos y vociferando un  ¿Dónde está Julio? Pero, no se crean, a pesar de ser habituales y de los gestos de cariño del italiano afincado en África no somos convidados ni a un chupito. Bueno, así es como se hace negocio ¿No? En todo caso, es algo que echamos de menos de España. 

La noche trascurrió en nuestra soledad y acompañada de los demás comensales que, curiosamente, estaban en mesas dispersas donde había siempre alguien que cumplía años. Fue imposible no darse cuenta. Los camareros, todos en círculo alrededor de un trocito de pastel adornado con una vela, dan un paseo cantando el cumpleaños feliz hasta que llegan al homenajeado. Cuatro cumpleaños felices en total. Uno de los cumpleañeros festejaba el día de su nacimiento junto a un ministro. No me preguntes cuál, porque hasta ahí llegó mi curiosidad provocada por Mauricio. 
Con sus pequeñas hogueras de carbón, sus velitas a doquier, su imitador ambiente a chill out y, tras dos gin tonic, regresamos a casa con otro conocido, un taxista que ya nos ha llevado alguna vez y que sugería que para esa ocasión merecía una propina por Navidad. Un buen tío. 

Terminamos la noche en el sofá, escuchando música, yo recostada sobre el pecho de Julio, durmiéndome. ¡Uy! Y caí. Así finalizó la Noche Buena, con cierta asimilada añoranza. 

El día del descubrimiento: el de los muzungus y el de los infantes keniatias 

El 25 cambió el panorama. Nos movemos, pero poco, guardamos los días y el dinero para los grandes momentos. Pero, realmente, cada vez que nos decidimos a descubrir algo es una aventura. No sin pereza y como siempre bastante tarde para dónde estamos, pensamos hacer alguna visita a algún sitio desconocido. ¿Nos vamos al Museo de Trenes? -¿Y si no está abierto?- Nos vamos al ¿National Park? –Es que es tarde para un sitio tan grande… Pues, vamos al City Park. Del lugar poco les voy a contar, pueden descubrir el maravilloso y sencillo parque en las fotos. Pero, de los sentimientos, de lo que nos trasmitió, les hablaré y mucho. 

El City Park está bastante alejado de nuestra zona. A 35 minutos sin tráfico en el Absolute. Se encuentra junto a un mercado autóctono de hojalata, que impresiona tanto como para no atreverte a adentrarte en él. También parece que está junto a un Slam, así que una doble precaución. Se halla en el norte de Nairobi, en Lumuru Road. 

Desde que el taxista nos dejó en el camino de entrada, nos dimos cuenta de la expectación que provocábamos. Nos convertimos con dos pasitos, los que dimos al bajar del taxi, en la novedad, la atracción, la curiosidad del parque. Ahora, en casa, Julio y yo estamos convencidos de que al City Park no ha ido ni un blanco y, si alguna vez fue visitado por algún otro pálido, de eso pasó tanto tiempo que ya no tienen recuerdos del momento. 

Todos nos miraban, todos se daban la vuelta para observar como caminábamos, muchos nos daban la mano, nos saludaban con un ‘cómo estás…? Familias enteras dejaban de hacer lo que estaban haciendo: dando de comer al niño, a un mono, sesteando…, para mirarnos. Recorrimos el parque con mucho recelo, admiración y expectación. Cuidando nuestras espaldas y catalogando a los buenos de los malos. Es fácil distinguirlos, la mirada es indiscutible. Así seguíamos el camino, ‘malotes a la derecha’, ‘malotes a tus espaldas’, ‘niño curioso pegado a tus talones’… 

A parte del recelo, encontrarnos ese parque nos define bien nuestro viaje. No sólo estamos en otro continente, no sólo vivimos- intentamos- vivir con otra cultura, también nos hemos trasladado a otra época. Un tiempo que ya vivimos, un pasado nuestro que es su presente. Se visten de domingo para ir al parque, mejor dicho, se disfrazan con brillantes trajes- sobre todo los niños y niñas: soldados y princesas- mal encajados, ninguno bien entallado. Ellos, con traje y corbata; ellas, con vestidos fosforitos de hombreras y de purpurina, los niños con las caras pintadas de mariposas. Se sientan en cualquier rincón de las lomas, junto a arbustos, árboles como sacados de las películas de Tarzán, con lianas, que se convierten en improvisados artilugios infantiles. Juegan, duermen y sobre todo, dan de comer a los monos… Miles de monos. Los he buscado en la estupenda guía de El País que compró Julio. Los monos a los que dimos de comer, junto a decenas de niños que se acercaban a nosotros para rozarnos, se llaman los Cercopitecos Verdes. Son juguetones, hambrientos, valientes y traviesos. Los machos tienen los huevos azules fosforitos, como alguno de los vestidos de las keniatas. 

Son muchas las anécdotas que contar, muchas muy tontas, pero todas con algo de importancia: un mono robando un caramelo a un niño; Julio entablando amistad con un peque de menos de un año; la búsqueda de un rincón donde sentarnos sin ser vistos; la desesperación por sacar la cámara sin llamar la atención, los ‘malotes’ mirándonos de reojo, la cercanía del mono comiendo de mi mano,de nuestras manos… 

Terminamos el paseo de City Park donde lo empezamos, en el camino de entrada, a unos metros alejados del Mercado- por prudencia- esperando nuestro tardío Absolute. En los cuarenta minutos de espera forzosa, nos sentamos en el arcén de césped para convertirnos en la atracción más importante del parque, más que los monos, los grandes protagonistas. Los matatus paraban junto a nosotros y de ellos salían retahílas de niños que venían a darnos la mano, a saludarnos y a preguntar por nuestro estado. Los padres se acercaban con sus hijos para explicarles lo que somos, Muzungus, y para que nos tocaran. Antes de irnos, nuestros últimos observadores fueron dos niñas con su padre, que repetía una y otra vez: ‘los ves, son muzungus, dale la mano al muzungu, saluda al muzungu..." Cogimos el taxi dejando atrás a un padre charlando por el móvil, mientras las niñas riéndose tontamente seguían repitiendo: ‘Wewe Muzungu’: ‘Tú, Muzungu’.

Según Wordpress, Muzungu se traduce literalmente: 'alguien que camina sin rumbo'

Fue divertido y sorprendente. Nos sentimos como los mismísimos monos. Faltó que nos diesen de comer, que nos pusiesen en una vitrina y que explicasen nuestra extraña especie con un cartelito. 

Muchos, muchísimos de esos niños no habían visto un muzungu en su vida y, de repente, por Navidad, se encontraron con dos: Adán y Eva. 

De ahí con un estupendo taxista que se llama Enric- o algo así-, al que le cogimos el número porque será el taxista de nuestros queridos que quieran venir a visitarnos, nos fuimos al restaurante de Buffet Park, el que nos presentó Francis, a comer un Yama Choma. Cuarenta minutos más de espera y un kilo de carne cocido a la brasa, todo para nosotros solitos. 

Volvimos a casa caminando, agotados y satisfechos. El resto del día lo pasamos con cortes de electricidad, leyendo, viendo series on-line, y con una tormenta de las buenas, de las que gustan. 

Me quedan cositas pendientes, como por ejemplo: los debates llegando a discusiones entre Julio y yo con nuestras diferencias de opiniones sobre el papel de la joven y guapa keniata y del viejo y feo europeo, que por casualidad del destino tiene un éxito arrollador en Nairobi; y alguna otra cosita que sobra, como mi envidia nada sana frente a la hermosura de esas guapas keniatas que se concentran en Casablanca.

La palabra nueva del día. De verdad que me cuesta horrores recordar alguna… la de un taxista: -‘usiku mwema ‘ –buenas noches-

En Noche Buena y días siguientes han estado con nosotros: la familia de Julio, al completo; muchos de su pandi: Javi, Isma, el otro Javi, Miguel, Enriq, Ignacio, Loli; algunos de los míos, algunos de los nuestros: la Ratita; Mónica la Negra, Evita, la otra Evita, Alberto, mis tíos de ambos bandos, Mavita la incondicional, Kiko y Rebe, los otros incondicionales, la Nati – incluso con sus chafadas Navidades-, Cani cani, Nuria, Elena Torrellas, Noelia, Mapi, Oscar, Aubin, Mini, José Placido, Ignacio Acha –de Londres- Palomero- de Bilbao-, Arita y Pedro. 

Hoy llevo 30 días en Kenia. Julio…¿siete más?

Hoy quedan dos días para irnos al Masai Mara



sábado, 24 de diciembre de 2011

27 días en Kenia: Furaha Krismasi

Desde la tierra de las nubes bajas, el tráfico sin reglas, el paseo de los negros, los caminos sin asfalto, los caminos comidos por el verde, los caminos rojos, desde el trozo del mundo del siempre cómo estás, del pole- pole, de los monos saltarines, de los presidentes caprichosos, de la mirada infantil pura y suplicante, de las calles sin sentido, de las calles sin fin, de la música con ritmo, del baile con el culo, desde la tierra de los matatus sin stop, del agua embotellada, de las historias de leones fieros, de mosquitos impertinentes, de bichos verdes limón y tranquilos, del sol amable, de la tierra de los saltos… De la tierra de dientes grandes, blancos, en bocas sonrientes, en lienzos negros, les deseamos a los que queremos y a los que querremos:

Que los que no tengan trabajo sepan disfrutar del tiempo muerto; a quiénes lo tengan, lo sepan situar en su justa medida y aprovechar; que quién no tenga pareja, goce y esté en paz con su soledad; a quién la tenga, sepa apreciar sus besos y abrazos; quién no esté contento con el mundo, tenga iniciativa para cambiarlo; quién lo esté, tenga iniciativa para mejorarlo; quién quiera viajar, tenga valor para hacer una mochila, quién esté a gusto en casa, sepa hacer un buen café para los que vengan a verle con la mochila a cuestas; a quién no esté con su familia, tenga motivos para añorarla; a quién esté, sepa tener paciencia con ella; a quién no tenga amigos, levanté el culo para empezar a hacerlos; a quién los tenga, que sepa cuidarlos; a quién tenga hijos, que sepa educarlos con conciencia; a quién no los tenga, que sepa cuidarse así mismo y disfrutar de los de los amigos…

A todos les deseamos  para el 2012 que disfruten de su vida y que sepan enriquecerla.  

A todos les deseamos un espíritu generoso para cuando llegue la hora de acogernos.

Furaha Krismasi y Furaha ya mwaka mpya


Que quiere decir: Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo

domingo, 18 de diciembre de 2011

3 semanas en Kenia: Vagabundeando

Pasito a pasitos, pasito a pasito vamos conociendo Nairobi. Vagabundeando. En estos días hemos ido a otros sitios nocturnos. El viernes salimos por la noche con Raúl, fuimos a un japonés y después a tomar unas copas a un sito de moda, Gipsys. Muy moderno, muy europeo, muy chumba, chumba. No me gustó nada y por mí, no repetimos. De allí fuimos a un autóctono, con música en vivo y negros sin complejos, el Pizza Garden. Había poca gente, pero la suficiente para sentirse a gusto. Te quedas sentado junto a tu gin tonic observando como bailan, sin complejos, meneando las caderas, el culo, insinuándose al mundo, seguros de si mismos,...libres y bellos. 

Volvimos pronto a casa, pero al día siguiente me saludó la resaca. No importa lo que tomes, siempre sientes un ligero dolor de cabeza si bebes aunque sea una copa. Según la teoría de Gabi, como Nairobi está tan cerca del Ecuador y por la altura respecto al mar, 1661 msnm, nos deshidratamos más rápido. En fin, que el sábado no daba pie con bola. Un ratito en la piscina y por la tarde, bien tarde, nos vamos a un parque cercano: El Arboretum. 

Fuimos caminando y pasamos por la State House, la casa del presidente, con tan buena suerte que presenciamos su llegada en helicóptero. No entiendo por qué el presidente vive en mitad de Nairobi. Expone mucho más sus excentricidades y despilfarros. Podría vivir en las afueras y así no se vería obligado a restregar  en la cara, a los que habitan en casas chatarras frente a él, su llegada en dos helicópteros, las desmesuradas medidas de seguridad, la comitiva de coches a la espera, ni esa alfombra que dos negros dispusieron para que bajase del helicóptero y dar un paso hacia su coche, que también daría diez rodadas para entrar en su espléndido y amplio complejo residencial. ¡Ah! y tampoco podrían comparar el fabuloso asfalto de sus calles, frente a la desastrosas carretera de los mortales kenianos. No lo entiendo muy bien, podría residir en Karen y entonces su pueblo no sabría lo bien que vive, frente a lo mal que están ellos. En fin, llegamos a Arboretum media hora antes de que lo cerraran. 

Es un parque bellísimo, público y parece que bastante grande. Necesitaremos más sábados muertos para conocerlo mejor. Allí la gente va a pasar el día, disfrutar con su familia o formar grupos de religiosos que dedican el día a rezar con las manos entrelazadas. Tras dar unos pasos, ver unos cuantos monos y sacar algunas fotos, volvimos a nuestra oscura casa, porque es que resulta que los sábados nos quitan la luz hasta la noche... Algo están arreglando por los alrededores y esa es la manera de hacerlo: Jodiendo al vecindario. 

En Karen. La casita de detrás de los guapos
Hoy, en mi tercera semana en Kenia, hemos pasado un rato de la mañana en la piscina, he hecho unos bocadillos de tortilla de papas y nos hemos ido de excursión a Karen

¡Por fin conozco Karen!. A ver cómo lo explico: imaginen la mejor o una de las mejores zonas residenciales de la ciudad en la que viven. Pues eso es Karen, pero con mucho verde, verde y verde y un montón de tierra roja  Pasas por una carretera que a los lados tienen grandes puertas que ocultan, presumes, estupendas casas... Hay restaurantes igual de estupendos, lujosos y dispuestos para el placer de los europeos,... y por el camino está la casa de Karen. Una casita terrera -como dicen en mi tierra- de una planta, un bonito porche de madera, cuatro habitaciones, algunos muebles y objetos originales de la época de la escritora y de la película; así como muchas réplicas... Todo contado por una guía particular por ocho euros por persona. Julio me apunta que no lo recomiende. Pues eso, no lo recomiendo porque creo que Kenia te ofrece mucho más por mucho menos. En fin, hicimos el guiri. Pero toca ¿No?. 

Tras Karen. Hemos seguido vagabundeando por Nariobi. Nos hemos tomado unas cocacolas en el restaurante de lujo, mientras nos comíamos nuestros bocadillos de tortilla, hemos hecho parón en el mayor centro comercial de la ciudad, El Juntion; hemos tomado una House Café -que es aguado- y hemos vuelto a casa en un Matatu, el 46. Ibamos caminando y de repente, casi en volandas y con el bus en marcha, Julio me ha subido en él. Aquí se estila que cojas el matuta en marcha y un poco de lo mismo para bajar. Nos ha dejado cerca de casa. Julio ha comprado caña de azúcar por 20 shilling y ya estamos aquí, con luz, Internet y música.

Éste es mi tercer domingo en Nairobi. Julio lleva 31 días. 

Mañana conoceremos a nuestra profesora de inglés que nos trae Judit. Vamos a aprovechar los precios para 'improve' nuestro speaking. 

Hoy en pensamiento y alma contigo, Ratita. Evita, I miss you too very much.
Vagabundeando por Arboretum y Karen 

viernes, 16 de diciembre de 2011

19 días en Kenia: el español que moriría feliz

Cada día me levanto más temprano. Creo que ya estoy cogiendo el ritmo de este país. Cuanto antes te levantes, más horas de día aprovechas. Y, teniendo en cuenta que cuando se hace de noche es casi imposible caminar por las calles- posible es, pero no aconsejable- pues mejor. ¿No?. 

En estos días no hemos hecho nada especial... o sí. No porque no hemos conocido nada nuevo, ni nos hemos movido mucho, y sí porque seguimos tropezando con gente como si Nairobi fuese un Facebook presencial. 'Hazte amigo de....'

El martes, tras mi duro día de trabajo, conseguí mover a I y a Julio y nos fuimos a tomar unos vinitos. Fuimos a un local muy cerca de casa y, como casi  a todos los que voy, éste era: abierto, con un gran jardín y meses de terraza, buena música, espaciosos, pequeños salones privados... muy chic. Estuvimos de charlita un ratito y comimos unas samosas -de verdad que el gusto que le estoy cogiendo a estas empanadillas es un problema-. O sea un día tranquilo, pero ya el miércoles fue otra cosa. 

El sitio oficial de los europeos: Casablanca

Julio quedó para cenar con Raúl, un tío con el que conectó estupendamente desde el primer día que le conoció. Es un español que vino a instalarse a Kenia con su mujer, Cristina, para montar una Safari en la zona de Masai Mara. Fuimos al Casablanca que, por cierto, cada día me gusta más. El restaurante es delicioso, exquisito, elegante y con muy buen gusto- a Conrado le encantaría-. 

Bueno, que con paso rápido llegó Raúl y se sentó a la mesa.  Es un chico como familiar, como si lo conocieras de toda la vida,  resuelto, amable, con risa fácil y con una conversación interesante y fluida. Es curioso, aquí todo el mundo tiene tanto que contar que los silencios no existen, todo el mundo se atropella en las palabras o deja pendiente alguna aventura relacionada con el tema. Prácticamente es imposible meter baza. Todo es interesante, todo es curioso, y una aventura es mejor que la otra. 

Les voy a contar cosas de Raúl, o de lo poco que recuerdo de lo mucho que hablamos, porque no tiene desperdicio. Raúl es un chico que va p' los cuarenta. En España era informático de multinacionales hasta que un buen día, según su frase, decidió hacer lo que quería porque 'vida sólo hay una'. Dejó su trabajo y montó una agencia de viajes, después vendió la mayoría de sus acciones y poco más de hace un año se vino a Kenia con su mujer para rehacer su vida aquí. Dice que si hoy muriera en Kenia, lo haría feliz.

El Mal de África

Ya les hablé de él, del mal de África. Ese virus que se mete en el cuerpo y que te obliga a quedarte en la tierra negra de por vida. Pues bien, Raúl está contagiado hasta la médula. Vino a Kenia hace doce años con el viaje de novios. Desde entonces no dejó de visitar el país, y ahora, finalmente, es un keniato o keniano. 

Mientras nos atropellábamos con las palabras, Raúl iba respondiendo a casi todas mis preguntas -una larga e interminable lista de interrogantes: ¿Cómo viniste? ¿Y tú mujer qué pensaba? ¿Qué dices de una escuela...?Mientras nos contaba, respondía a teléfonos e intentaba solucionar lo de un camión que se había atascado en mitad del Masai en plena noche y rodeado de leones. Estaba esperando por un tractor, pero las historias aquí son tan de cómic, que el tío estaba seguro que pasaría algo inexplicable con el remolque. Además, estaba preocupado porque tenía a dos masais junto al camión y no quería que pasasen la noche allí porque unos leones en esta semana habían roto el brazo a uno y a otro le habían abierto la cabeza. Todo con unos zarpazos. 

Y es que Raúl vive con los masais. Él y su mujer se integran en la comunidad, intentan montar una escuela para ellos y ven el fútbol con los hombres de la tribu. Le llaman Pápa. Contó muchas anécdotas sobre ellos, su manera de actuar, de pensar, su inocencia y su limpieza de alma... Está claro que está tan enamorados de esta etnia como de su mujer. 

En fin, les cuento esto porque quería compartir con ustedes este momento. Porque todos nos hemos planteado que 'vida sólo hay una' y que hay que vivirla como uno quiera'. Pues, bien, Raúl sabe cómo quiere hacerlo y, es más, lo está haciendo. Ese es el problema, muchos somos plenamente conscientes de que vida sólo hay una, pero no tenemos ni idea que cómo queremos vivirla. Dice que es duro, muy duro, pero, añade que no lo cambia por nada. 

Les contaré muchas más cosas de Raúl porque pasaremos la Navidad con él, en su Paraíso. 

Por cierto, los dueños de Casablanca son italianos. El caso es que uno de ellos se acercó a nuestra mesa porque conoce muy bien a Raúl y con su chachará comentó que se había traído dos paellas para empezar a ofrecer paella y arroz negro. Que se va a traer a un cocinero de Madrid con su familia para que les enseñe a hacer el plato valenciano.... Por supuesto, yo metí baza en la conversación y le dije que no se tenía que traer a un madrileño, cuando tenía un valenciano en su mesa... En definitiva, para no aburrir, el  día 23 comemos en petit comite paella en Casablanca elaborada por un autentico valenciano ¿Adivinan? .... Julio todavía me está rezongando por la movida en la que le he metido. 

Es increíble. No hay fotos de Casablanca en Internet. Tendré que sacarlas yo o mi fotógrafo partícular: Julio 

Este fin de semana, por fin, espero, vamos a Karen. 

Palabras: Puff, no hago más que oír palabras en swahili. Venga dos sencillitas: Ndiyo- Sí- Hapana-No-

Hoy llevo 19 día en Kenia. Julio, 28 y ya va a hacer una paella en Nairobi

Ratita mil besos. Kiko, mil, mil felicidades 

martes, 13 de diciembre de 2011

16 días en Kenia: el día de la independencia

Ayer fue fiesta en Nairobi. Los Keniatas celebraban el Día de la Independencia. Les pongo al día de lo poco que he leído. En 1963, Kenyatta fue elegido el primer presidente de la República Independiente de Kenia y en ese mismo momento el país africano dejó de ser una colonia británica. Por lo visto este presidente, Jomo Kenyatta, fue el más querido por su pueblo, el que relajó las tensiones entre las etnias otorgándoles derecho a formar parte de su gabinete de Gobierno, y el que realmente se preocupó de unir a todo el pueblo keniata con el fin de levantar el país. Sus sucesores fueron otra historia y de ahí los problemas actuales del país. 

Pues bien, ayer se celebraba ese glorioso día en el que este país se liberaba del dominio británico. Todos estaban de fiesta, el presidente, Mwai Kibaki-un hombre de unos ochentaytantos años que parecen cincuenta- leía su discurso oficial en el estadio de Nairobi, custodiado por fuerte seguridad y frente a miles de personas que, imagino, esperaban impacientes a que terminase su lento, lento, lento sermón, para disfrutar del día. 

El caso es que nosotros a otra cosa mariposa. Trabajamos como si de un día normal se tratase, vimos al satisfecho y bien conservado presidente en la tele, y por la tarde decidimos dar una vuelta. 

El Parque Uhuru
Como era fiesta, el trafico no sería tan asfixiante como otros días. Así que nos fuimos a un parque popular de Nairobi. Está en el Town y se llama Uhuru Park. ¡Madre mía, recuerdo el nombre!. Es un bonito parque de estar por casa, muy, cómo diría... salvaje y sesentero. Por ser día de fiesta, ayer también fue fiesta para el parque, acompañado de burros, camellos, ferias traídas de décadas pasadas, familias, patinetes de agua, puestos antiguos de helados, puestos improvisados de golosinas, tascas de hojalatas... La impresión que nos dio a Julio y a mí es que el Uhuru nos trasladaba al pasado. No es que recordásemos la niñez, es que el parque es de la época de los 70 de España. 

Pues, bien, fue bonito, pero desde luego te digo que yo por nada del mundo dejo que un niño se suba a ninguna de las atracciones de allí y menos la de las sillas colgando.

Poca cosa más, pero ¿Qué quieres de un lunes?. Tras recorrer, disfrutar y observar el parque, nos fuimos al centro, nos metimos en el Simmers, del que ya somos habituales, nos tomamos un par de cervezas, que se llaman Tusker -que significa colmillo de elefante, según me cuenta I- y nos pedimos para llevar una ricas samosas- pequeñas empanadillas rellenas de cordero o pollo. Me encantan, son deliciosas y baratísimas. 6 por 200 shilling ¿No te has puesto todavía al día con la moneda? Pues menos de 2 euros.

Poco más que contar. Volvimos a casa satisfechos y relajados en nuestro Absolute- el taxi oficial- y a otro día...

Hoy me he pasado el día trabajando,así que estoy dando la lata a Julio- que acaba de llegar de reuniones por ahí- y a I, para irnos a tomar un algo.... A ver si lo consigo.

Hoy Judit me ha estado enseñando los nombres de todos los productos de limpieza. No recuerdo ninguno.

Les digo mi palabra nueva de hoy: Rafiki- Amigo-

Hoy hemos estado con la Ratita en pensamiento y alma. Hoy he tenido noticias de Lidia, Móni la negrita, Kiko- nuestro incondicional lector- Nati, nuestra nueva amiga A, Montse, Evita, Leila, Patricia y Javi Cajal, el amiguito de Julio de Jaca.


Hoy llevo 16 día en Kenia. Julio, 25.

lunes, 12 de diciembre de 2011

2 semanas en Kenia: Naivasha

Los Slam de camino al paraíso. Estamos en África, en pleno y puro África y es maravilloso, increíble, diferente, bello. Empiezo a entender esa enfermedad de la que hablan muchos europeos. Entiendo a Julio en su empeño en volver a Kenia.Se trata de un virus que se mete en el cuerpo, corre rápidamente por tus venas hasta llegar al corazón, y es entonces cuando estás perdido porque te enamoras tanto de esta tierra que para siempre jamás podrás abandonarla. Pura y autentica África. 

Los días previos a Naivasha

Julio y yo empezamos a crear una amistad con O y Francis. El jueves nos fuimos a cenar con ellos al Buffet Park. Es un sitio estupendo, amplio, abierto, disparatado. Como parecen ser todos los locales de aquí. Lo primero que se hace es ir a un mostrador donde los negros tienen colgadas grandes patas de cordero, eliges los kilos que quieres y allí mismo te lo cortan en una madera ensangrentada, arriesgando con afilados cuchillos sus negros dedos. Nosotros elegimos 2 kilos de carne. Tras este ritual, nos sentamos en la mesa para esperar una hora a que nos sirvieran el famoso Choma. Colocan las costillas encima de una cebolla cocinada, acompañada de una ensalada de tomate bien picado. Todo lo comes con las manos. 

A mitad de la cena se unieron a nosotros I, J- otro español que habla Swahili-, y la que, dicen, es su mujer. Fue una noche agradable, llena de conversaciones, algunas disparatadas, centrada en la diferencia de los idiomas. Para mi mente, un poco agotador. Pero, comenzamos el primer paso de la amistad con O y Francis. 

El viernes tuvimos un día de ida y venidas porque ahora lo que nos falla es Internet. Así que empezamos la búsqueda de una tarjeta para conectarnos mientras nos arreglan la línea. Seguimos igual y parece que va para largo. Así que, así estamos, compartiendo la tarjetita a cada rato. En fin, la noche fue tranquila. Julio y yo cenamos en el Town, en un restaurante italiano que se llama Tratoria y después fuimos a Casablanca a tomar una copa. Estuvimos un rato con un muy cansado I, con un nuevo español que tiene dos restaurantes en Kenia, Gavi, y con Topo, que ya se marcha a aislarse en la playa de los famosos. 

Y ahora va lo mejor, el sábado. Naivasha. O y Francis nos invitaron a ir con ellos al Lago Naivasha. Está a una hora de camino por, dicen, unas de las principales y mejores carreteras de Nairobi. ¡Madre mía! Habrá que ver las otras. Naivasha está al norte de la capital, tienes que descender por el Valle Rift, que es espectacular y, tras sortear coches, baches, adelantar, hasta llegar al riesgo de la locura, matatus, esquivar grandes hoyos, sentir vértigo y cierto terror, llegas al Paraíso. Pero, primero tienes que pasar por los ‘Slam’. 

Los Slam son los grandes campamentos de casas de hojalatas hacinadas, son la representación de la pobreza de Kenia, discurren por la carretera a cada uno de sus lados, con hileras e hileras de chatarras casas, de miles de colores, cientos de tamaños, entre comercios tan chatarras como las casas, entre improvisados carteles de publicidad –Airtel es una de las marcas chapadas en las paredes de estas casas- ¿Estará promocionando los Slam? 

O suele ir algún viernes a uno de estos Slam a visitar a una amiga que trabaja allí como cooperante ayudando a las mujeres. Dice que es tan peligroso para un blanco que nunca debe ir sin alguien que conozca el terreno. Las instrucciones son: no lleves bolso, ni anillos, ni pendientes, ni se te ocurra entrar con cámara de fotos, no lleves dinero y nunca, nunca, entres solo. O nos contó una historia de un cura valiente y estúpido que llevaba a un grupo de europeos a conocer el Slam. Tenía que esperar por su amiga, pero se le ocurrió entrar sin ella e ir al mismo centro del meollo. La historia terminó con el grupo de mujeres salvadas por un autóctono que las refugió en una de las casas, mientras el cura se enfrentaba a un grupo de tíos que fue a atracarles. Al estúpido cura tuvieron que llevarle al hospital con tres o cuatro navajazos en el cuerpo. 

O me ha prometido que me llevará al Slam de su amiga, para conocerla... 

Naivasha. Fue un camino de ojos abiertos bien abiertos. Francis nos llevaba con un carnet provisional porque se está sacando el permiso en estos momentos. Aquí es así, el primer día que te apuntas a la escuela ya te dan un carnet y puedes conducir por las calles. Si sabes o no conducir, no tiene ninguna importancia, el coche es automático, así que sigue recto y procura no matar a nadie y que nadie te mate a ti. Mi impresión es que la vida aquí no tiene la misma importancia que en otro lugar. O piensa lo mismo. Si te matas o te matan, mala suerte. 

A lo que iba: el camino a Naivasha. A lo largo de la carretera veías puestos alineados de fruteros, después les siguieron los curtidores de piel, mercadillos improvisados, cabras comiendo hierba junto a lo que podría ser el arcén… Y llegamos al Lago Naivasha. Sólo parar, un negro rasta con muletas nos negocia el precio para ir en canoa por el Lago. Por nosotros cuatro y a precio de local, eso dice él, dimos el paseo en barca por 3.000 chelines keniatas –menos de 30 euros- 

En el embarcadero, lo primero que encontramos fueron campos y campos de flamencos blancos y rosas, y su sonido, graznidos, tras graznidos. De golpe, el virus, sin avisar, entró en mi cuerpo. Subimos a nuestra barca, con el rasta y sus muletas de acompañante y el conductor. Los dos, encantadores, amables y muy instructivos. Comenzamos nuestro paseo por el lago: manadas de flamencos, al vuelo; familia de hipopótamos, resoplando; jirafas, en la costa, a lo lejos; cebras junto a la orilla, ñus; pelícanos; pájaros nunca vistos, unos llamados pigargos; gacelas; impalas, una especie de cervatillos; monos, muchos monos; más flamencos, búfalos…El virus comenzó a correr por mis venas. 

Fue un paseo de una hora, una hora de expectación, silencio, admiración, belleza pura, sorpresas. Después comimos en la zona de camping, Fisherman’s camp. Antes de llegar, forzosamente, nos hicieron parar unos especiales peatones con culos pelados y miradas fieras- un grupo de monos y pequeños gorilas que cruzaban la carretera- y disfrutamos del atardecer junto al lago. 

La angustiosa vuelta a casa

Algo que no he contado hasta ahora. Francis cumple años el lunes, pero, según dice él, siguiendo la tradición turkana, comienza a celebrarlo tres días antes. O sea, el sábado estábamos de celebración. Por eso, decidió llevar a un amigo suyo con nosotros. Un keniata que no dice una palabra, muy lento y que, por lo visto, es conductor. Le trajo para poder beber tranquilo y que a la vuelta condujera por él. ¡Para qué fue aquello! El camino a casa fue terrorífico. El mudo keniata conducía sin sentido, aceleraba como un loco, adelantaba sin mirar, cogía todos los baches hasta llegar a atentar contra la gravedad. 

Un disparate tras otro en la 'mejor carretera de Kenia' 

A mitad de camino, nos paró la policía. Por lo visto es muy común. Se ponen a los lados, crean mayores caravanas de coches, si eso es posible, y se ponen a chequear papeles. Si algo no les gusta, pues soborno al canto. Tuvimos suerte porque a nosotros no nos pidieron nada. Los blancos íbamos atrás bien ocultos por los cristales ahumados, por si acaso. Pero, cuando un poli nos dice que pasemos por detrás de ellos, a nuestro magnifico conductor, con sus prisas, le da por detrás a uno de los uniformados. Estuvimos media hora en la carretera mientras Francis negociaba el soborno con una mujer policía, sonriente y muy decidida a lleva a prisión al torpe keniata. 1.000 chelines keniatas y seguimos nuestro camino. Pero, si llegamos a predecir el futuro, por mí que el culo de nuestro amigo se pose en prisión. 

Comenzó a llover, pero eso no menguó el ánimo de nuestro particular keniata para que dejase su peculiar manera de conducir. Con un torrencial impresionante, seguía con sus arriesgados adelantamientos con los coches de frente casi rozándonos. Mientras, O comenzaba a ponerse nerviosa y pedía polepole- lento, lento-. Pero, el silencioso amigo también era sordo. Julio me indicó que me pusiese el cinturón…y pasó lo que tenía que pasar. En uno de sus ‘sin conocimiento’ adelantamientos un coche nos venía encima, así que el tío, sin control, frenó bruscamente para ponerse en el carril correcto. Derrapó, dimos una vuelta, volvimos a derrapar, otra vuelta, nosotras gritando, Julio y Francis mudos, el otro en su estado natural, y caímos en el arcén en sentido contrario. No nos golpeo ningún coche, de un lado ni del otro, de milagro. 

La fotografía quedó así. O pegando tortas e insultando al torpe y mudo conductor, Francis, intentando calmarla; yo dando vueltas sobre mí misma, y Julio subiéndose al coche para sacarlo de la cuneta. Todo bajo la lluvia. Cuando O dejó de golpear al inepto, paró con brusquedad el tráfico, alzando la mano y gritando a los coches un “waiting”, Julio dirigió el coche en el sentido correcto y volvimos a subir. A mi lado, el más mudo keniata del universo. 

Julio nos llevó el resto de camino hasta casa, sano y salvos. Llegamos agotados, emocionados, estresados y a salvo. Francis quería terminar la noche con una cerveza para seguir celebrando su cumpleaños y para finalizar el día con mejor sabor de boca. Pero, yo sólo quería estar en casa. Mañana le llamaremos para seguir celebrando su cumpleaños. 

Hoy el virus de Kenia casi me llega al corazón. 

Hoy seguimos sin Internet en casa. 

Hoy hace dos semanas que estoy en Kenia. Julio lleva 23 días y ya conduce por Nairobi, por la izquierda. 

En estos días, hemos aprendido muchas palabras nuevas, pero sólo recuerdo: Musuri- Qué rico- 

El sábado en Naivasha



jueves, 8 de diciembre de 2011

11 días en Kenia: Calma, calma...

Ahora no es cuestión de falta de voluntad. Es que no me voy a poner a escribir a qué hora me he levantado, qué he comido y esas cosas. Tampoco es que no tenga mucha más que contar sobre Kenia. Es que ya he comenzando a hacer vida 'normal'. Es decir, ya he empezado a ponerme al día con el curro y reservo las visitas y los encuentros para los fines de semana. Hay que controlar la pasta si queremos ir a la costa, si queremos ir de Safari, si queremos ver a los Masais, si queremos coger carretera y manta...

Porque, no se crean, aquí la vida no es barata a pesar de los ridículos sueldos que ganan (claro, que España cada vez se va pareciendo más). Para que se hagan una idea: una bolsa de café cuesta 8 euros, el azúcar, 3 euros, y Judit- la que limpia en casa- cobra 1.200 shilling el día, o sea: 10 euros. 

Los Turkana
De todas maneras, ya tenemos cita para ir a cenar hoy con O y su novio turkana. Pertenece a una de las tantas tribus de aquí -hay nada más y nada menos que 42 etnias en este país- En concreto, los Ngi Turkana son un grupo de pastores nómadas que viven en el noroeste de Kenia. A ver si Francis, que a si se llama la pareja de O, nos lleva a visitar a su familia.... 

Bueno, el caso es que Julio le ha dicho a O: "Oye, llevamos a un antrillo de esos buenos a comer Nyama Choma"- se trata de un plato típico de carne, tardan 45 minutos en cocinarla a la brasa y no hay persona en Kenia que se precie que no coma el Choma. Pues nada, a ver a qué 'antrillo' nos lleva Francis. La compañía, desde luego, promete. 

Llamaremos a los motoristas para ve si se animan. Alicia y Miquel, así se llaman los locos que dan la vuelta al mundo en moto durante un año. Miquel es escritor y ya tiene ruedas en el tema. Es un personaje,  un 'Quijote del siglo XXI' ¡cómo no lo va ser!. Gesticula mucho, habla alto, es abierto, sociable, y tiene una barba que en un año le llegará al pecho. Ya tiene un libro publicado que trata sobre sus experiencias por la carretera desde Nairobi a Cabo Verde: "Un millón de piedras" y un blog, para los que les interese: Un millón de piedras 

En cuanto a Alicia, !ufff! Alicia. Es una tía pequeñita, de grandes ojos azules, guapa- demasiado para lo que está haciendo- también muy abierta, charlatana, espontánea, valiente, y, señores, es la primera mujer del mundo que da la vuelta al mundo en moto. Aquí su blog, para quién le interese: aliciasornosa .

Lamu
Sigamos con las presentaciones. Profundicemos un poquito más. Ayer vino a comer el Topo- gran amigo de I- y un personaje español que formará parte de la historia de Nairobi. Para ganármelo, le hice lentejas, pero va a ser duro de pelar. El topo organiza Safaris de lujo para personajes ilustres españoles de los que no me ha querido hablar a pesar de mi interrogatorio. Es un rubio de ojos azules, piel curtida, dicharachero y siempre parece estar como en casa, allí dónde esté. Se va el sábado a la playa- Lamu- a pasar las navidades. Se trata de la ciudad swhaili más antigua de Kenia, situada al norte de Mombasa. Un lugar a donde acuden los personajes famosos, como Madonna, para refugiarse de su fama. Por lo visto este paraje, paraíso tropical, sufrió hace unos años un gran atentado y ahora no es tan popular. Pues nada, allí se aislará el Topo, el de Topo Safaris 

Ayer lo más importante que hice fue ir "Yo SOLA" al Yaya. bien temprano crucé las dos calles embarradas que me separan del centro y viví la aventura de comprar sola en el supermercado y en la verdulería. La verdura, además de estar exquisita, es baratísima. He comprado el aguacate más grande que jamas haya visto. 

En cuanto a Julio: está tranquilo, relajado, hecho al lugar. Ahora mismo lo tengo en la mesa del comedor trasteando con el ordenador. Me encanta porque seguro que está buscando alguna curiosidad para ver. Por lo pronto, ya nos ha organizado la Navidad. Nos vamos a ir por cuatro días a un sitio inigualable. Nos vamos al Masái Mara. Ha conocido y sintonizado con otro español  que tiene un campamento allí que, por lo que dicen, te quita la respiración... Pero, sobre esto, por el momento,  no les voy a dar más detalle, para dejarles con el gustillo en la boca...

Hoy he conocido a uno más. Otro español que trabaja para la ONU. La primera impresión ha sido estupenda Vive aquí desde hace años incontables, reside en la zona de Karen, el famoso lugar de 'Memorias de África'. Este fin de semana vamos para allá. ¡Ummm! Qué bien suena ¿Verdad? 

Hoy he dado tantos datos por recomendación de Antonio. Por cierto, Nairobi tiene cuatro millones de habitantes. 

Hoy ya estamos en pleno verano. Se acabaron las lluvias. Pero, al estar en la línea del Ecuador, aquí los días de verano son cortos, o sea, ya a las seis y media se hace de noche y, ya saben, de noche cuídate de caminar por las calles. Así que hay que aprovechar bien el día. 

En estos día he hablado con Kani, Ara, la Ratita, Elena T mi tío. Hemos estado con Mavi, Mapi... Así que imposible sentirse solos. 

Hoy todavía no hemos aprendido una palabra nueva.

Hoy llevo once día en Kenia. Julio lleva 21 días.

Hoy les ofrezco lo que últimamente escuchamos aquí:


lunes, 5 de diciembre de 2011

8 día en Kenia: Tras el primer fin de semana

Lo sé, me prometí que sería un post cada día, pero ¡vaya! que no hay que exagerar con la promesas. Además, creo que se sobrestiman, ¿No creen? 

El Simmer
Ya he pasado la frontera de la primera semana en Kenia. Tanto que contar, con tan poco que he visto. Hagamos un pequeño repaso y empecemos por el viernes. Terminé el post del día y Julio y yo decidimos ir a cenar solos. Claro, yo pensé: '¡Ah, que me  va a llevar a un sitito romántico!'. Pues, no, muy lejos de la realidad. Me llevó al Simmer. Un antro, una mescolanza, un barullo, un estruendo, un ida y venida de todo tipo de gente: putas, maleantes, enchaquetados, hombres con gorros de lana, mujeres con sandalias abiertas. Todo estaba allí concentrado, todo negro, negro, negro. Ni un blanco. Perdón, sí que habían blancos: dos, Julio y yo.

Fue emocionante, divertido, acojonante. Rayaba lo peligroso. Después de cenar, nos fuimos a la barra desde la que podíamos observar un concierto de negros, eran del Congo. Allí, una negra me dijo con mucha amabilidad que me sentase a su lado. Pues, nada ahí fui yo. Amablemente, la joven y exuberante negra nos introduce en conversación con las que serán las típicas preguntas para el resto del tiempo que estemos aquí: De dónde somos, qué hacemos en Kenia, cuánto tiempo nos quedamos, mi novio es muy atractivo.... Mi respuesta: 'ya lo sé'. En fin, muy, pero que muy amable. Tanto, que ya dudaba en si quería algo o simplemente era amable. Se lo pregunto a Julio y me dice: 'Laura, sólo es amable'. Pues, a los cinco segundos me pidió una cerveza. En fin, terminó yendo al baño y, ahí es cuando Julio con su sonrisa burletera me confiesa que es una Lumini: o sea, una puta. Bueno, fuese lo que fuese, y a pesar de pedir la cerveza, fue amable y cortes. Nos fuimos prontito a casa, pero las tres horitas que pasamos allí estaban tan cargadas de energía que volví como si nos hubiésemos pasado la noche bailando.... Y, el sábado más....

El tráfico hacia el centro
Sábado. Por la mañana decidimos ir en bus- matatu- a una piscina que se encuentra a unas cuantas calles de nuestra zona. !Para que fue aquello! Era tal el tráfico, era tal el jaleo, era tal lo que se montó entre un matatu que se subió a una acera y se enganchó, un coche que se cruzó, otro que se metió en dirección contraría, era tal el despropósito el que ahí se montó, que nos bajamos del bus... Pues, nada nos pasamos la mañana haciendo senderismo urbano en busca de la piscina. No se crean que es fácil, es estresante y caótico. Entre que no hay aceras, que tienes que sortear charcos, que tienes que guardar tu culo para que no te arrollen, que tienes que pisar entre piedras para no ahogarte en el barro, que tienes que sortear coches en movimiento para cruzar de calle a calle,... pues, terminas reventado. Llegamos a la piscina y ,con la misma, sin mojar la uñita del dedo gordo, volvimos sobre nuestros pasos para ir a otro restaurante keniata donde habíamos quedado para comer con I y sus amigos: el Topo, un tío que lleva 20 años aquí organizando safaris, Manfei -o algo así- otro español autóctono hecho en Kenia y vecino nuestro, y dos motoristas- Alicia y Mikel- que están dando la vuelta al mundo en un año... Ya les hablaré de ellos porque no tienen desperdicio. 

El sábado por la noche: fiesta. En esta ocasión de keniatas y europeos. La amiga de I, Dega, montaba una fiesta en su casa y para allá fuimos. Los keniatas los más borrachos. Estuvo bien, cansado, a veces incomprensible, pero bien.... Y el domingo hicimos día español, soffing, tele en inglés con subtítulos en español y comer, comer, comer. 

City Market, de nuevo 

En el Simmer
Lunes. La aventura de hoy la he vivido por la tarde. Julio se ha ido a la piscina y yo quedé con la motorista para irnos al centro de shooping. Aprovechamos el taxi de Julio y allí nos dejó, no sin dudas el hombre, que no quería que nos bajásemos. Al pobre taxista no le faltaba razón porque nos perdimos por las caóticas calles , dimos vueltas y vueltas y más vueltas en busca de una tienda que nos recomendaron para comprar Kikois- pañuelos-pareos, mientras los niños nos perseguían para que les diésemos moneditas. No es que no quiera darle, pero me da tal apuro abrir el bolso... En fin, -anotar: llevar monedas sueltas en los bolsillos- 

Comprar lo que se dice comprar, pues bien poco, porque el regateo es tan agotador que se te cierran las tiendas antes de que ultimes un trato. Del primer lugar que fuimos, salimos rebotadas, mientras Mohamed Picasso- el de la tienda- corría tras nosotras con llaveros en mano, unos que se me ocurrió mirar.

Finalmente nos hemos metido en el mercado. Allí, yo he conseguido unos mantelitos de mesa por 1000 shilling- que no es barato- pero teniendo en cuenta que -mi ahora amiga, Florens- me los quería vender por 3.000 shilling y mi rebeca, pues tampoco tan mal. O sea, he pagado 10 euros por ocho manteles individuales y uno de sobremesa y mi rebeca se ha quedado conmigo. También he comprado rosas amarillas. Las flores sí que son baratas y por ellas no regateo. 6 rosas amarillas, 200 silling. 

Bueno, Julio ya me da los toques para cenar, así que lo último. Para terminar el día, Alicia y yo hemos esperado a Julio en el Simmer que está cerca del centro. No pueden imaginar la ilusión que me dio decir: 'eh, yo conozco este sitio, vamos a tomar una cerveza y a fumar un cigarro'- Y para dentro que fuimos. Es que creo que no se los he contado: en la calle no se puede fumar, te multan y bien. Así que si quieres fumarte un cigarro te tienes que meter en algún sitio o esconderte. ¡Manda huevos! salir de España para parar en un sitio en donde los semáforos están de adorno, pero que en las calles no se puede fumar. 

Sólo con lo que he hecho hoy estoy emocionada. 

Hoy no he aprendido una palabra nueva.... pero, da igual porque ya gasto esfuerzo en retener las anteriores.Mentira, ahí va una: Shukrani- Gracias-

Hoy nos ha escrito A. Linda, linda, linda. Espero que lea esto y así no le tengo que hacer un resumen por correo. A te tenemos en mente y te esperamos.

Hoy, durante todo el día, mi alma se ha ido con la Ratita, que vive momentos muy duros. Todo el día, Ratita. Con cada espacio, tras cada palabra, pienso en ti. Te queremos y estamos contigo. 

Hoy he hablado con Ara

Hoy casi no he sacado fotos, pero es que es tan complicado.

Para los curiosos: nuestro baño

viernes, 2 de diciembre de 2011

5 día en Kenia: Nice to meet you

¿Sólo llevo cinco días en Nairobi? Cinco días y cinco noches. Casi todos con lluvia y tormentas, grandiosas tormentas como la que disfrutamos ahora mismo. 

Para los curiosos: Nuestra residencia en Nairobi.
Hoy sólo hemos estado tres en casa, más los que vienen y van. Y es que siempre viene algún keniata o a arreglar algo o a ver cómo nos va o a saber si necesitamos algo. Han pasado: Mohamé. se encarga de la seguridad-  Nasisd, Yudit, un desconocido... Todos amables, todos sonrientes, todos serviciales... Pero, ¿qué coño pasa en este país? 

Hoy se ha roto otra historia. En esta ocasión se nos ha ido la luz a las once de la mañana, así que por imperativo del país dejamos de trabajar... 

Una calle cualquiera en Nairobi
Bueno, pues no hay mal que por bien no venga porque así Julio y yo hemos aprovechado para ir al Yaya- recordemos que es el Centro Comercial- pero, en esta ocasión por el camino largo... Muy largo. Es sorprendente: Si vas por las calles de barro, sólo tienes que cruzar dos manzanas y en cinco minutos estás ahí; si vas por carretera con aceras de barro, porque no están asfaltadas, tardas 20 minutos.... Pero lo peor no es el paseo- es más, ha venido bien teniendo en cuenta que llevamos cuatro días moviéndonos en coche- como decía, lo peor son los novatos homicidas que con los coches pretenden arrollarte. No hay que tomárselo a mal porque no miran color, van a por negros tanto como a por blancos. Lo hemos comprobado.

Las niñas al colegio
Bueno, hoy como todos los días hemos conocido a dos interesantes personas: O, que trabajará con I y Julio y a su novio que es de una etnia del norte de Nairobi, los turcan... Es un tío grande, fuerte, negro, muy negro, con grandes rasgos, anchos, los dientes más blancos que he visto en mi vida, y con rastas. Se le ve tímido, porque habla mirándose los pies, pero parece buena gente. O, que es el de Bilbao, lo conoció hace dos años en Pakistán trabajando para otra ONG . Ahora han decidido, tras idas y venidas, búsqueda de oportunidades aquí y allá, tan allá como Etiopía, trasladarse a Kenia. Están montando una agencia de viajes y mientras salen a flote, O trabajará con los chicos durante tres meses. 

Hemos estado los cuatro charlando, cómodos, en una terraza del Yaya que, dicen, es de los restaurante más caros de aquí. La cuenta nos ha salido a 1000 shilling o chelín kenyata por personas, que son unos 10 euros.

Hoy hemos sabido de la existencia de un grupo de mujeres asentadas aquí llamadas las Spanish Ladies. No les comentó más hasta que no las conozca en persona. Les adelanto que una de ellas salió en Españoles por el Mundo y decir pija es poco. O me ha prometido que me llamará cuando tengan el próximo encuentro de marujas...

He disfrutado de la conversación, de la información y de la compañía. Me han gustado. Dos más para la lista

Hoy me he echado una siesta con el sonoro fondo de una gran tormenta.

Hoy he hablado con la Ratita. Mil besos Ratita

Hoy hemos aprendido una palabra nueva: Muzungu, que significa persona blanca. Así nos llaman

Hoy Julio ha escrito cosas bonitas, muy bonitas.

Hoy nos vamos a cenar juntos, solos y tranquilos...

Hoy no he sacado fotos.

Hoy nos ha acompañado: Kiko, Astrid, José Placido, Cani cani, Elena Meneses, Mónica (que me tiene muy sorprendida), Mapi, Cristina Reyes, Aubin, Eva M y a última hora, Mavi... A todos, besos enormes de los dos.

Para los curiosos: parte de nuestro dormitorio 

jueves, 1 de diciembre de 2011

4 día en Kenia: la despedida de A

Hoy no me voy a extender. Escribo porque me lo he prometido a mí misma y a mi memoría. Pero, ¿por qué coño me haré yo estas promesas? En fin. El cuarto día en Kenia, un día de lluvias. Curioso porque nos hemos levantado sin agua. Es que la residencia tiene una bomba de agua y hay que darle a un interruptor sólo y exclusivamente durante una hora para abastecernos. Pues la hora ha llegado a las 12, 24.. o a las 48 horas y nos hemos cargado el tanque. En fin, nos han traído cubos y cubos de agua. 


No sé si por norma la gente aquí es así de amable, considerada, servicial. Pero, de verdad que es increíble la disponibilidad que tienen para facilitarnos la vida. Nasib ha venido y nos ha dicho que hagamos una lista de todas las cosas que necesitemos. La dueña de la casa ha venido y nos ha traído tres escritorios preciosos, todss con una huella de tigre tallada en una esquina, y una estantería. Los operarios están trabajando bajo la lluvia y por la noche para arreglarnos el agua y...lo peor: Ayer, Judit se puso a lavar a mano nuestra ropa porque se había roto el fusible de la lavadora... ¡Madre mía!, de verdad que a eso no me puedo, quiero, ni me voy a acostumbrar.

Hoy: Choma

Hoy, poco que contar o mucho. ¿No? Hemos ido a comer a otro restaurante lleno de jardines, terrazas, cabañas. Hemos comido lo típico de la ciudad: una parrillada de carne -Choma- y nos hemos vuelto bajo la lluvia. La ida y la venida en coche, por supuesto. 

Lo más llamativo de este almuerzo ha sido el impresionante, agotador y lento atasco. Los coches se pegan unos a otros hasta rosarse el parachoques, las intersección se acoplan con las grandes vías, los coches se amontonan unos con otros y, por los huecos, la gente caminando, que seguro llegan antes allí dónde vayan. 

Hemos vuelto a casa y ahí hemos seguido con la compañía de la lluvia. Hemos despedido a A que vuelve a Barcelona y la casa se ha quedado mucho más silenciosa. Volverá en enero y promete más simpatía y compañía. 

Poco más que contar. Ahora escribo tras ver mover muebles a I y a Julio de un lado para otro, por aquí y por allá. Yo, después de media hora de intento en la tarea distribuir mesas y sillones con ellos, o de imponer mi magnifico criterio de mujer, he desistido al ver que no me hacían ni puñetero caso. Así que me he dedicado a hacer otra de las faenas femeninas, cocinar. Ahí me ves a mí haciendo berenjenas rellenas intentando no decir ni pío, con un gran esfuerzo. No me ha salido tan bien porque algo he apuntado, pero mucho menos de a lo que estoy acostumbrada. Sin embargo, a pesar de no contar con mi imprescindible ayuda, creo que ha quedado estupendo. 

En fin, hoy ha sido un día de lluvia, supongo que de ahí mi melancolía, mi añoranza....

Hoy hemos  conocido otras dos palabras: Pole, Pole -lento- y Haraka -rápido

Hoy, creo, hemos hecho una buena amiga: A

Hoy ha estado con nosotros La Raita y Leila - la que no se maneja con esto de Internet.

Para los curiosos: Los nuevos despacho y salón 

miércoles, 30 de noviembre de 2011

3 día en Kenia: el mercado

El Club Kenia

¡Madre mía!. Cómo todas las noches sean así, yo muero en Kenia. Anoche nos fuimos a cenar a un sitio de moda de Nairobi. Según I, el KOne, - Club Kenia- así se llama. Es un lugar de encuentro de gente de bien del lugar, de profesionales liberales a los que les va bien las cosas, como son los periodistas... !Ejem! Vaya realidades tan diferentes ¿No?. 

Bueno, el sitio era estupendo. Una explanada ocupada por grandes cabañas, unas bajas, otras alzadas. En la cabaña que nos metimos había música en vivo, esplendida. Allí conocimos a Dega, una somalie amiga de I que está metida en muchas historias, que pretende crear un museo de arte keniato y que es artista. 28 añitos, encantadora, sonriente y con la mejor de las conversaciones. Pena que me perdía mucho de lo que decía... De todas maneras quedamos en que le ayudaría a abrir ese museo...je je je. 

En fin, nos pasamos hasta las 2:30 de la madrugada charlando y bailando ocasionalmente con negros, a Julio le pretendió una negrita con peluca larga y pelirroja y yo bailé con dos negritas que me cogieron por banda, es que I dice que las mujeres están tan hartas de los hombres y de sus maneras que prefieren acercarse a las mujeres, Pues, !vaya por Dios!. ¡Ah! y  A tuvo un éxito arrollador y hasta pesado con dos keniatas, uno joven y otro viejo. 

Paseando por el City Marquet

Hoy nos hemos levantado con un poco de más calor. Ha venido en su primer día nuestra 'Keli', como la llama Julio, que se llama Judit y que tiene pinta de muy buena gente. Va a venir a limpiar la casa tres veces a la semana. Francamente no es necesario, pero así ella tiene trabajo y consigue que la compañía que nos la ofrece le hagan fija. Pues, sí es para buen fin.... No sé si me acostumbraré... Sí que me acostumbraré. 


Nos hemos despedido de Judit y Nasib nos ha llevado al City Marquet. Ya saben, lo típico. Todos detrás de nosotros para que entráramos en su tienda, eternos regateos y algunas que otras chucherías al bolsillo. Lo que no era común es que no había ni un turista, por no haber no había ni un comprador, excepto nosotros. Julio estuvo genial con su jerga regateo, mientras yo le iba destrozando sus negociaciones con mi espontánea torpeza. Para librarme de ellos, les prometía que volvería en otra ocasión. Creo que no miento ¿No?. En el mercado compre flores para que la casa parezca más nuestra casa.  Después I nos llevó a la Biasara Street- calle de negocios- donde nos hemos comprados algunos Kikoy, pareos de telas de la India que son estupendos. Y es que los mejores comerciantes de Kikoy son indios. En Nairobi hay una buena comunidad de ellos. 

Poco más, nos hemos dado un buen paseo, hemos disfrutado de la calle bulliciosa, ruidosa, estruendosa, llena de coches, de gente, de...alguna miseria y, con nuestro Nasib al supermercado, hemos hecho una buena comida en casa.

Hoy ha sido una buena mañana, pero por la tarde hemos recibido la noticia de la muerte de Adelina, la abuela de Julio. Una mujer encantadora, familiar, lista y cariñosa, por lo menos conmigo. En fin, que la tarde la hemos pasado tranquilos, tristes y Julio añorando estar con su familia. Ahora pasamos una noche en casa, tranquila y lo más familiar posible. Yo escribo mi post diario, escuchamos a Buka, A está haciendo una tortilla de papas y Julio e I charlan tranquilamente, todo con un buen vino. 

Hoy hemos aprendido una frase nueva, necesaria para el mercado: Gali Sana: 'Muy Caro' 

Hoy comenzamos a diferenciar las caras de los somalíes de los keniatas. Los primeros tienen las caras más largas, las narices más finas y el pelo menos encrespado. 

Hoy nuestras almas se han ido con la gente del pueblo. 

Hoy sólo quiero dar muchos besos a Julio, pero no quiero agobiarlo.

Hoy nos han acompañado: Kiko, Eva Vera, Eva Martín, Virginia, Marpelina, Sergio, Mavi, la Ratita, Martita Pinel y un anónimo que nos echa mucho de menos

Para los curiosos: Nuestra cocina

martes, 29 de noviembre de 2011

2 día en Kenia. Idas y venidas hasta que cayó la monedita

Hoy nos ha despertado un día más claro. Parecía como si Nairobi anunciase que se acerca el verano. La temperatura es deliciosa, fresca y ligera. Aunque la lluvia persiste, muy poquito y sólo un ratito, pero todavía está presente. 

Pero..., antes vino la noche de ayer. Después de mi gran aventura por dos calles farragosas para ir al centro comercial, fuimos a cenar a un lugar muy esplendido, en diseño y en dinero, llamado Casablanca. !Guau! el famoso Casablancas que me había comentado Julio. Es un sitio delicado, alumbrado por hogueras y velas, con camas, telares, madera, con dos zonas diferenciadas: La de copas, sinuosa, en penumbras, misteriosa y delicada, y la del restaurante, con velas por doquier, camareros en cada mesa y menús exorbitantes. Una botella de vino cuesta 140 euros. Por supuesto, pedimos una copita de vino. 

Fuimos a cenar con otros compañeros de Julio de Msf. Se despedían de la encargada de comunicación y por eso la cena. !Qué envidia!, que pequeñita yo junto a gente que parecía tan interesante. Para que se hagan una idea había un joven médico japones, nacido en Brasil... Pero, por otro lado, algunos de ellos tenían un aire un tanto, cómo lo diría, subido, soberbio, como si fuesen muy conscientes de la envidia que me daban. En fin, en la cena ya hice un poquito de ridículo con mi ingles. Pero, no problem, el tiempo lo soluciona todo. ¿No?

La cena estuvo entretenida, sobre todo porque me pasé parte de ella hablando con A, la que está aquí por cuatro días para elegir edificio para la oficina de Msf. Sólo llevamos dos días juntas y creo que la voy a echar de menos. Es todo sonrisa y anécdotas. 

En cuanto a la comida. Señores y señoras. Especializado en pasta y muy buena, por cierto. Tras la cena a casita, nuevamente en taxi, a pesar de que el restaurante-pub-disco está a dos calles de la residencia. Y es que I dice que por la noche mejor nos vamos a cuatro ruedas, que el brillo de nuestras caras llama mucho la atención. Pues no le falta razón y ya les cuento. 

Hoy por la mañana he estado solita en casa mientras ellos se iban a revisar edificios. He tonteado con todo lo que podía y me he puesto a trabajar un poco hasta que me han venido a buscar para ir a comer. En esta ocasión, le ha tocado el turno a un restaurante etíope. También estaba a dos manzanas de casa y también hemos ido en coche. Para este viaje nos ha llevado el chófer de los chicos, un masai simpático llamado Nasib, que seguramente será un personaje de nuestros cuatro meses en Nairobi. 

En el star restaurant

El restaurante me encantó y la comida más. Nunca había probado nada igual, ni de la manera que lo hicimos. Estaba delicioso y el pan fue lo mejor. Se trataba de un plato grande cubierto por una torta de pan blanda y esponjosa en donde se disponía verdura, salsas, pescado, carne, papas, todo con muchas especies. Se comía con rollos de ese pan que troceabas para coger la comida.  Primero tienes que lavarte las manos, de obligado cumplimiento, y ya está, tus manos son tus cubiertos y preparados para comer el wat. 


Al salir del restaurante, yo con mi culo inquieto animé a los demás a esperar el taxi fuera del recinto. Fue entonces cuando ocurrió lo de "idas y venidas y, al final, moneditas". Se cruzó ante nosotras una mujer cargada de niños a cada lado. Nos sonreían, caminaban como alejándose, se daban la vuelta y volvían a cruzar a nuestro lado. Al final, no lo pude evitar y saqué la cámara para robar una foto de sus espaldas, pero estaban pendientes los muy jodios y al verme con la cámara, dieron marcha atrás y ya fue momento foto. Ahí fue Julio el espabilado, así que ya que ibamos a pagar, preparó la foto. Ahí nos ves a A y a mí con la familia de niños. Me sentí la típica e inevitable tonta turista. Sí, pero me encantó. 


Hemos vuelto y he seguido trabajando. En esta ocasión, ya me he concentrado y he podido olvidar, aunque sea un poquito, en el lugar que estoy para ponerme a lo mío. Me quedan muchas pequeñas anécdotas tontas por contar, pero para no cansarles, lo que hago es mostrarle un poquito más de mi casa, el restaurante y a los niños de las idas y venidas.



En mi segundo día he aprendido otra palabra: 'Asante': Gracias

En su onceavo día, Julio ha dado de comer a un mono.
Hoy hemos estado muy cerca de muchos de los nuestros. Hoy nos han acompañado la Ratita (Silvia), Natalia, Mapi, Leila, Kiko, Aubin, Astrid, Mónica, Patricia -la loca, no tan loca- , Mimi, Noelia, mi Cani Cani y mi Ara, a la que le he escuchado la voz.



Para los curiosos zona de despacho