Ya estoy aquí. Ya estamos aquí. en Kenia, Nairobi. Julio lleva una semana más que yo y, aunque poco según dice, ya se mueve con soltura, por lo menos para mí. Desde luego, sí que habla con soltura. Se me cae la baba de envidia.
El viaje fue de todoterreno. A las cinco al aeropuerto, cola. Coger el avión y a París, corre que te corre y cola, pasa el control de pasaporte y corre por pasillo y...cola, control de embarque... y cola, coge el avión. Era un avión keniata....con cuatro azafatos y una azafata, negros. El avión era grande para tan poco pasajero, así que la gente se acopló de tal manera que todo el mundo estaba sólo en los asientos. Yo cogí uno con los controles de sonido y luz chafados. A lo largo del viaje me di cuenta que eran muchos los asientos sin luz, porque muchos de los viajeros cambiaban de sitio con libro en mano buscando una bombilla que funcionase.... Yo también lo hice. Fue el momento en el que descansé entre tres asientos bien iluminados. Ahí es cuando comenzó mi sensación de que me iba a un país bien distinto, pero que muy distinto a lo que hasta ahora conocía.
Llegué al aeropuerto de Nairobi a las nueve de la noche en punto, pero no salí de él hasta las once de la noche. El momento visado fue lo peor del viaje: COLA. Yo sólo tenía 13 personas delante de mí, pero tal y como tardaron con cada uno, parecían 1113. Da igual, llegué y al salir con mis dos maletas lo primero que me encontré fue a mi gran sonrisa dándome la bienvenida: 'caribu sana': 'BIENVENIDA a Kenia, mi amor'. Así da gusto llegar a un lugar !eh!.
Pequeña llovizna. Eso es lo primero que me he encontrado cuando he salido del aeropuerto...y mucho verde. En cada rincón hay una palmera, matorrales y plantas. Las calles no están asfaltadas y todo está lleno de barro. Mi 'sonrisa' ha llamado un taxi que pertenece a la única compañía que puede coger, Absolut, como el vocka, y nos ha llevado por largas avenidas hasta llegar a mi residencia por cuatro meses. Está en un barrio en el que vive el presidente de la República. Está formado por pequeñas zonas residenciales de casas enladrilladas, con tejados a dos aguas y terrazas. Todas las residencias están cerradas por muros electrificados y controlados por guardias de seguridad. Espero que los guardias de mi residencia se acuerden de mi cara, pero creo que no tendré problema porque soy la única mujer blanca que vive aquí.
Hoy al levantarme he sacado la primera foto. La del primer día en Kenia, que te muestra la vista que me ofrece nuestro balcón. Después he acompañado a Julio a una reunión que tenía en otra zona de Nairobi y es entonces cuando mejor me he situado en el tipo de lugar que estoy.
Impone...
Mi aventura de hoy ha sido -que gran tontería- ir al centro comercial que está a dos calles de mi residencia. Pero, ¡qué dos calles!, están tan enfangadas de las lluvias que me he tenido que remangar los pantalones para adentrarme en ellas. Para entrar en el centro-se llama Yaya- tengo que pasar un control dividido para mujeres y hombres. Ahí es donde he visto a los primeros blancos. Entre todos seríamos cinco pálidos. Lo hemos recorrido entero, hemos ido al supermercado, hemos comprado algunas tonterías y un pan exquisito y vuelta pa casa.
Poco más que contar, porque de la tontería que tengo en el cuerpo me he echado una siesta a la española.
Ahora estoy en una parte del salón de la casa, que es donde I, el compañero de casa, y Julio han instalado el despacho. Estamos I, J, A, otra compañera de Msf que viene para cuatro días, y yo, charlando.
Éste es mi primer día en Kenia, el décimo de Julio.
Para los curiosos: el salón de nuestra residencia en Nairobi |